AÑO SANTO JUBILAR COMPOSTELANO 


Conocemos, y llamamos, como Año Santo Jubilar Compostelano, o Año Santo Jacobeo, aquel en que el 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, cae en domingo. Esto sucede con una cadencia regular de 6-5-6-11 años, excepto cuando el último año de un siglo no es bisiesto, cuando pueden darse lapsos de 7 o 12 años, de modo que en cada siglo se celebran catorce Años Santos Jacobeos. 


La celebración de cada Año Santo otorga la indulgencia a todos aquellos fieles que voluntariamente cumplan las siguientes condiciones: 

          •Visitar la catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, España.

          •Rezar alguna oración (al menos, el Credo o el Padrenuestro) y pedir por las intenciones del Papa. Se recomienda también asistir a la Santa Misa.

          •Recibir los sacramentos de la penitencia y de la comunión; es decir, confesar y comulgar en los quince días anteriores o posteriores a la visita de la catedral.







Es costumbre, además, acceder a la catedral atravesando la Puerta Santa que se abre únicamente con ocasión de esta solemnidad. 


Por mediación de la Iglesia, el jubileo otorga a aquellos fieles dispuestos que cumplan con las condiciones enumeradas, la gracia de la indulgencia plenaria, completa, o remisión de la pena temporal que merecieran los pecados por ellos cometidos. 


El primer Año Jubilar fue establecido por el Papa Calixto II en 1122 para el año 1126. Los últimos han sido 1993, 1999, 2004 y 2010. El próximo será en 2021. 


La cadencia 6-5-6-11 de los años jacobeos durante los siglos XIX y XX tiene su explicación en el ritmo de los años bisiestos y en el hecho de que la semana tiene 7 días. Si no hubiera años bisiestos habría un año jacobeo cada 7 años. Debido a que los años divisibles por 100 solo son bisiestos cuando también son divisibles por 400, en los cambios de siglo se puede dar un lapso de 7 o 12 años entre dos años santos consecutivos. 


La tradición del acceso a la catedral compostelana por la Puerta Santa, situada en la Praza das Praterías, no es obligatoria para ganar el jubileo, pero desde su implantación, previsiblemente a principios del siglo XVI como parte del protocolo jubilar compostelano, se convirtió en el elemento simbólico más estimado de esta celebración. Los años santos son claves para entender la supervivencia de la tradición jacobea, ya que en determinados períodos de crisis actuaron como su motor dinamizador.




 
 
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