De Frómista se sale por la carretera que une esta localidad con la vecina de Carrión de los Condes. Se va por una pista que han hecho nueva sólo para peregrinos, con unos mojones de piedra para evitar la entrada de coches y tractores, y que llamamos la autopista de los peregrinos. En tres kilómetros estamos en Población de Campos.

4'00 Población de Campos.-

El Ayuntamiento ha construido un moderno y confortable albergue en el edificio de la antigua escuela, en la calle de la Fuente. Con capacidad para 10 plazas (ampliables en el suelo), dispone de cocina completa y duchas con agua caliente.
Ya a las afueras del pueblo, dejamos a la izquierda la Ermita de San Miguel, también románica de transición, para tomar la autopista del peregrino otra vez, y llegar a Ravenga de Campos.

8'00 Ravenga de Campos.-

Caminamos un par de kilómetros, y a continuación llegamos a Villarmentero de Campos.

10'00 Villarmentero de Campos.-

Nuestro camino sigue y en cuatro kilómetros llegamos hasta Villalcázar de Sirga (Villasirga).

13'00 Villalcázar de Sirga.-

En la Plaza del Palacio de Villasirga está la Casa del Peregrino, un completo refugio que dispone de 20 camas, cocina y duchas con agua fría.
Pablo Payo “Mesonero del Camino”, acoge con gusto a los peregrinos ofreciéndoles la sopa y el vino, a los que comen en su Mesón.
Seis kilómetros por la “autopista del peregrino” paralela a la carretera en línea recta, con suaves toboganes, nos separan de Carrión de los Condes.
Justo antes de las primeras casas, al lado mismo de la señal de carretera indicadora del municipio de Carrión, parte por el otro lado de la calzada una calle que, dejando a la izquierda el Convento de Santa Clara, nos acerca hasta la carretera de Palencia.

19'00 Carrión de los Condes.-

Siguiendo por la misma calle se halla la Iglesia de Santiago, del siglo XI, cuya espléndida portada alberga el más hermoso Pantócrator del románico (obra cumbre de la escultura de este estilo), y una arquivolta con 24 figuras, cada una representando un oficio diferente.
Al lado de la Iglesia de Santa María existe no uno, sino dos albergues. El tradicional, con 20 camas, y otro de reciente construcción capaz de acoger cómodamente a 60 peregrinos. Dispone de cocina completa y duchas con agua caliente.
Las monjas clarisas, a la entrada, en la calle Santa Clara, regentan también una pequeña hospedería de 30 camas en la que el peregrino puede dormir por un precio especial, muy económico.
El Camino sube ahora por la Calle Santa María hasta la Plaza Mayor (o del Generalísimo), que cruzamos por su parte más alta. Por la calle Piña Blasco, tras cruzar el puente sobre el río Carrión, accedemos a la N-120, muy cerca del Monasterio de San Zoilo.
El Camino abandona Carrión de los Condes por la N-120, que dejamos unos metros después de superar el peligroso cruce con la carretera de circunvalación. Una señal del camino de Santiago nos advierte que hemos de tomar a la derecha por una buena pista de asfalto, dirección Villotilla.
En el kilómetro 4,5 de esta etapa se pasa por la derecha de las ruinas de la Abadía de Benevívere, cerca de las cuales, en una zona húmeda, se han construido unas modernas casas de ladrillo rojo que desentonan con el tono uniforme de la llanura. Nuestra ruta continúa ahora por una pista de tierra (apta para vehículos todo terreno). Las numerosas piedras sueltas y los cantos que asoman al camino hacen de este tramo un auténtico rompe-pies aunque se lleven buenas botas.
El camino, es en este tramo sorprendente. La aburrida llanura castellana se convertirá, a medida que el peregrino transita por ella, en una auténtica caja de sorpresas. De repente todo el páramo parece tomar vida y desaparece por completo la sensación de monotonía que uno espera de este trayecto (imagen sin duda influida por la muy diferente perspectiva que se adquiere cuando uno recorre estas tierras por carretera y en coche).
Eso sí, la infinita planicie castellana castiga con un inmisericorde sol durante los meses de estío, sólo aliviado por las aisladas hileras de chopos que se elevan en las vegas de pequeños arroyos.
Los pequeños arroyos, secos durante buena parte del año, se suceden. Los delatan desde lejos las hileras de chopos que en torno a ellos se levantan. Nuestro camino avanza siempre en línea recta, rodeados de trigales hasta allí donde alcanza la vista (que no es poco). Han transcurrido 3’5 kilómetros desde que comenzó la pista. Las dos únicas referencias que quedan hay que buscarlas en sendas encinas.
La primera está a 1’5 kilómetros. Desde allí faltan 3’5 hasta la segunda. Pronto empieza a asomar, primero su gran copa, sustentada por cuatro grandes y recios troncos; entre tanto, una pista que viene de la derecha, un puente y un cruce. Escasas señales para tanta distancia. Y una vez al lado de la encina reina de todo el recorrido, aún no se ha llegado a Calzadilla de la Cueza. Llegados a la encina en seguida se divisa en el horizonte la figura esbelta de la torre mudéjar del cementerio de Calzadilla de la Cueza. Es éste un momento singular, de claras connotaciones cinematográficas: a medida que avanzamos, la torre se va haciendo cada vez mayor y mayor, como si un potente zoom nos la aproximase en un inquietante plano fijo. Aún deberemos recorrer más de dos kilómetros para situarnos a su altura.
Llegamos así a Calzadilla de la Cueza. La pista que seguíamos se aparta a la izquierda. Nuestra ruta prosigue de frente por una típica calle de una típica población de esta Tierra de Campos.

36'00 Calzadilla de la Cueza.-

Cuenta con un reciente, moderno y descuidado albergue de peregrinos en la misma calle Real. Dispone de 15 camas y duchas con agua caliente, hay otro particular, de pago, con capacidad para 70 plazas con lavadero, terraza, cocina y duchas con agua caliente.

Plano de la etapa