El Camino de Santiago deja atrás la montaña, si es que en Galicia se deja alguna vez, o por lo menos la alta montaña. Esta etapa, que discurre fundamentalmente por la Vega del Sarria y el valle del Miño, es un verdadero rompe piernas. Cientos de aldeas se suceden casi sin dar opción al peregrino a adivinar cuándo sale de una o entra en otra. Las “carballeiras” y los castaños dejan paso a los campos de cultivo, a la vez que encontramos las primeras plantaciones de coníferas.
Desde el Convento de la Magdalena de Sarria se desciende por un lateral del cementerio siguiendo un empinado camino de grava hasta llegar a la carretera, que apenas recorridos 100 metros dejamos para descender, como nos indica una señal del Camino de Santiago, por un estrecho camino de tierra hasta la Ponte Áspera, un bien conservado puentecillo medieval, que cruzamos.
Este camino nos acerca hasta las vías del ferrocarril que no cruzamos, sino que seguimos paralelos a ellas.
Quinientos metros después cruzamos las vías a la altura de una caseta abandonada del guarda agujas y seguimos por la izquierda por un camino que nos lleva a salvar el curso de un arroyo por un rústico puente de madera.
De nuevo nos espera un duro y sombrío repecho en el seno de una carballeira, que esta vez ve acrecentado, si cabe, su influjo mágico por los restos que en ella se conservan de un antiguo castro celta. Al final de este repecho (Alto de San Miguel) salimos a un claro del bosque y con él a un buen camino de tierra con mediana de hierba. Pronto dejamos a la izquierda el solitario caserío Paredes, desde el que este camino nos guía hasta una carretera secundaria, ya a la entrada de Vilei.
En menos de un kilómetro nos hallaremos junto a la Iglesia de Santiago de Barbadelo, bello ejemplar del románico gallego, del siglo IX, declarado Monumento Histórico Artístico Nacional.

5'00 Barbadelo.-

Cuenta con un albergue de peregrinos ubicado en las antiguas escuelas. Dispone de 22 camas, servicios, duchas con agua caliente, cocina, sala de estar y una zona reservada con capacidad para 10 bicicletas.
A la derecha dejamos las casas de San Silvestre. Nuestro itinerario sigue ascendiendo por esta pista asfaltada hasta alcanzar Rente.

6'00 Rente.-

A la entrada de Rente, se coge un camino de tierra que por una carballeira se introduce en este pequeño poblado.
Tras cruzar Rente, este camino se fusiona de nuevo con la carretera, por la que continuamos hasta Mercado da Serra, donde cruzaremos la carretera de Vilamaior.

7'00 Mercado da Serra.-

De frente parte un camino de tierra entre abedules, señalizado con trazos amarillos. Este camino enlaza con otro de similares características y cruza una sombreada zona, cubierta de carballos y castaños.
Este tramo del Camino permanece inundado casi todo el año, por lo que generalmente se hace más recomendable optar por la siguiente variante: en lugar de cruzar la carretera, se toma ésta hacia la derecha durante aproximadamente 300 metros. Nos adentraremos, entonces sí, en la citada carballeira, pero en esta ocasión, por una pista de grava apta incluso para el tránsito de vehículos.
Unos metros después del punto de confluencia de ambas rutas encontramos un viejo autobús abandonado en un cruce. Sus ventanas han sido pintadas con multitud de flechas amarillas que indican la entrada de un estrecho camino de tierra que parte por la derecha, justo antes del vehículo. Aunque el camino es descendente, en seguida, a la salida de una curva, encontraremos unas profundas charcas que deberemos salvar por un rústico paso elevado lateral construido con losas de piedra.
Tras un breve ascenso, siempre entre carballos, nos topamos con la carretera de Portomarin que cruzamos en ese mismo lugar para proseguir nuestra ruta por una pista asfáltica en dirección a las primeras casas de Leimán. A éstas le siguen las de Pena, y a éstas últimas las de Peruscallo.

8'00 Peruscallo.-

A la salida de Peruscallo encontraremos una zona muy encharcada. De nuevo transitamos por un camino de tierra, definido en sus laterales por los muros que delimitan las innumerables y diminutas fincas.
Este camino serpentea por entre los cercados de unos minúsculos prados hasta llegar a Cortiñas, aldea que atravesamos por una pista asfaltada.
Debe el peregrino excusar el exceso descriptivo que hago de esta zona y que dificulta el seguimiento de su lectura. No obstante, aunque su comprensión resulte complicada desde el sillón o desde la colchoneta del albergue, sobre el terreno ayudará sensiblemente a descifrar el laberinto de caminos, pistas y “corredoiras” en que se convierte el camino a su paso por Galicia. Por ello no debe el peregrino embotarse de datos en su lectura, sino tomarlos como referencia a medida que transcurre la ruta.

9'00 Cortiñas.-

A la salida de Cortiñas, en una curva que la pista hace a la derecha, nos salimos de frente por la tangente para tomar un camino que nos sitúa en Lavandeira. En esta aldea hay un complicado cruce en el que nuestra mejor guía serán las flechas amarillas.

10'00 Lavandeira.-

Salimos por un camino que comienza junto al lateral de la última casa de Lavandeira, hasta llegar a una pista asfaltada que nos recibe a la entrada de Casal. Pronto las flechas nos indican un camino muy irregular que parte por la derecha. Otra vez, el camino acoge en su seno el curso de pequeños riachuelos que por él descienden. Son 500 metros por entre castaños, nogales y abedules, en los que deberemos ascender pequeños repechos chapoteando sobre las piedras del camino.
Este tramo finaliza en una pista asfaltada a las puertas de Brea. A la salida de este pueblo un mojón de piedra nos indica que solo nos faltan ¡¡¡100 kilómetros!!! hasta Santiago de Compostela.

11'00 Morgade.-

Es el siguiente poblado, pasado el cual nos espera otro irregular tramo, a ratos pedregal, a ratos arroyo. Coronado este pequeño altillo se sale a un claro de la carballeira, desde el que nos dirigiremos a Ferreiros, que cruzamos por su calle central (a pesar de que por algunas flechas erróneas a la entrada pueda parecer que el Camino discurre por la derecha).

12'00 Ferreiros.-

Es en comparación con las anteriores, ésta es una localidad de mayor prestancia, con casas monumentales y vestigios de un mejor pasado; pero los servicios que ofrece actualmente, son mínimos. El refugio está a la salida del pueblo junto a una gran carballeira. Dispone de 22 plazas, cocina, servicios, duchas con agua caliente y sala de estar.
A la salida de Ferreiros alcanzamos otra pequeña carballeira en la zona conocida como Cruceiro, denominación que pronto encuentra justificación, pues de su cima parten tres rutas. Numerosas flechas pintadas en los muros y postes de la luz nos indican que debemos descender por una pista asfaltada que va en dirección a la ermita románica de Santa María de Ferreiros, de Mirallos, la cual se divisa ya en el fondo de la vaguada.

13'00 Mirallos.-

Superada esta ermita, y tras un breve ascenso, llegamos a Pena.

14'00 Pena.-

Pueblo que atravesamos por su calle central para volver poco después a la carretera.
En menos de 500 metros el peregrino está en Couto y cuando aún no ha recorrido los 200 siguientes, el poblado ya es Rozas.

14'50 Rozas.-

Este complejo tramo está perfectamente señalizado y el peregrino sólo hallará dificultad a la hora de conocer en cada momento el nombre exacto del lugar en que se encuentra.
Doscientos metros después de la última casa de Rozas parte hacia la derecha un camino de tierra por el que se asciende entre ¡no podía ser menos! una soberbia carballeira.
Una vez coronado este altillo, que lleva el significativo nombre de Pena dos Corvos, se inicia un entretenido descenso de un kilómetro, hasta llegar a una carretera que debemos cruzar para introducirnos por un camino de tierra que nos deja en Moimentos.

15'00 Moimentos.-

Por un empinado camino empedrado cruzamos esta aldea para salir de nuevo a la carretera (que ha rodeado el poblado describiendo una amplia curva). Pronto se deja el asfalto para tomar por el lado opuesto de la calzada un estrecho sendero, profusamente señalizado con flechas, un mojón y una cruz. Este sendero bien definido nos conduce hasta un primer grupo de casas, Cotarelo.
Apenas 100 metros después están las tres casas de Mercadoiro.

16'00 Mercadoiro.-

A la salida de Mercadorio el sendero se convierte en camino de tierra, y éste, a su vez, en pista de cemento al entrar en Moutras.
Salimos de esta pequeña localidad de no más de 10 casas por una pista asfáltica que nos introduce en una nueva carballeira. Trescientos metros después, la pista desemboca en una carretera por la que seguirnos sin abandonar el frondoso cobijo de los carballos.
En un claro de la carballeira se deja la carretera para enlazar una serie de pistas y caminos en descenso que nos situarán ya en Parrocha.

18'00 Parrocha.-

La travesía de esta localidad está marcada con flechas que ya no sólo son amarillas. No debe por tanto el peregrino detenerse aunque encuentre una flecha roja o blanca a la entrada de una calle o corredoira.
Superado este poblado, de nuevo en la carretera, encontramos el primer pinar del recorrido gallego. Poco a poco el peregrino deberá ir acostumbrándose a estas especies repobladas, pues cada vez serán más frecuentes.
Precisamente del lugar en el que termina el pinar parte hacia la derecha un camino que nos proporcionará un entretenido descenso con comprometidas zonas trialeras. Finalizado éste, se cruza la carretera para entrar en las calles cementadas de Vilachá.

20'00 Vilachá.-

Las pistas se suceden (correctamente señalizadas) a la salida de esta población. Pronto vemos ya Portomarín, en la vertiente opuesta del río, hacia el que descendemos salvando una vertiginosa pendiente por una pista asfáltica. (Atención con esta bajada, ya que la mochila se te echa encima, y te hace correr aunque no quieras). Esta pista desemboca en una carretera secundaria que tomamos por la izquierda para acercarnos hasta el moderno viaducto que salva las aguas embalsadas del río Miño. Sobre nuestras cabezas, el nuevo Portomarin.
El viejo queda bajo nuestros pies, anegado en 1962 por la construcción del embalse de Belesar, cuya cabecera se encuentra aún 40 kilómetros río abajo. Como señalan las crónicas, los edificios más representativos de Portomarín fueron desmontados piedra por piedra y reconstruidos en la nueva ubicación, pero bajo las aguas quedaron otros que no tuvieron tanta suerte: las tierras más fértiles, las viñas, los árboles de la ribera y nuestro Camino de Santiago. En épocas de sequía aún se asoman los tejados derruidos de los edificios anegados.

22'00 Portomarín.-

Antes de la inundación, el Camino cruzaba el río por la antigua “Ponte Miña”, un viejo puente de piedra que todavía atraviesan algunos peregrinos cuando éste asoma en las épocas de sequía.
Portomarín cuenta con dos excelentes albergues para peregrinos. El primero de ellos, municipal, está en las antiguas escuelas y dispone de 50 literas, cocina completa, lavadora y secadora, comedor y diez duchas con agua caliente.
El otro, construido por la Xunta de Galicia, ofrece 40 camas, así como cocina y duchas con agua caliente.
Tras la oportuna visita al núcleo urbano de Portomarín, descendemos de nuevo por la calle principal. De frente, un soberbio paisaje dominado por las aguas del Miño y por viñedos que, en pequeñas laderas escalonadas, parecen querer recuperar el terreno sustraído por el embalse.

Plano de la etapa