El momento más emocionante del Camino de Santiago, la llegada a las puertas de la Catedral compostelana, está precedido por la etapa menos gratíficante del recorrido, desde que éste se inició en la ya lejana Roncesvalles.
Sin contar con grandes dificultades orográficas, el recorrido es francamente duro. No hay cien metros en llano. El Camino supera uno tras otro los pequeños valles formados por los ríos que descienden hasta el Tambre. Esta sucesión de subidas y bajadas, perpendiculares al gran valle central, convierten también esta etapa en un auténtico rompe piernas.
El paisaje por el que discurre este último tramo de la ruta jacobea es verdaderamente laberíntico, sobre todo en su tramo coruñés. A las plantaciones de eucaliptos le suceden pequeños bosques, pasto de las llamas estivales que durante años asolaron estas tierras. A esto hay que añadir un trazado que, si bien está siendo acondicionado y en parte recuperado, no evita que continuamente haya que estar cruzando a uno y otro lado la N-547 que une Lugo y Santiago. Los últimos diez kilómetros pueden provocar un cierto despiste en el peregrino cuando éste alcanza la mítica cumbre del Monxoi (Monte del Gozo), ya que no están señalizados.
Sólo la indescriptible emoción que siente el peregrino, a medida que se acerca a la tan ansiada meta hará que lo de menos sea el estado de la ruta, y es posible que, precisamente, ésa sea una de las causas de que no esté tan bien señalizada como debiera.
Desde prácticamente el centro de Arzúa y bien indicada por una señal de carretera del Camino de Santiago, parte por la izquierda una calle de losetas que termina convirtiéndose en un camino de piedra y tierra, por el que se llega a As Barosas, desde donde retornamos a la carretera. Continuaremos por ésta hasta llegar a su punto kilométrico 68, ya en Raído.

3'00 Raído.-

Aquí es donde nos desviaremos a la derecha por una pista asfaltada.
En apenas 200 metros se deja esta pista para tomar otra perpendicular que, por la izquierda, se acerca hasta la aldea de Fondevila.

4'00 Fondevila.-

El itinerario de nuestro recorrido, siempre bien señalizado, alternará a partir de ahora tramos asfaltados con las pistas recién acondicionadas. Los carballos, pinos y eucaliptos comparten protagonismo con las praderas y pequeñas fincas de labor. Las aldeas se suceden: a Fondevila le siguen Cortobe, Pereiriña, Tabernavella y Calzada, todos ellos diminutos núcleos de población, conformados (como en el caso de Tabernavella) tan sólo por un par de casonas de piedra con su correspondientes hórreos y pajares.
No es fácil advertir la presencia humana en estos poblados. Sus escasos habitantes pasan buena parte del día en compañía del ganado o en las fincas próximas, quedando en las aldeas sólo unos pacíficos, otros no tanto, canes.

6'00 Calzada.-

Desde Calzada, por un bosque mixto de carballos y coníferas se llega hasta Ferreiros (de nuevo este topónimo en el recorrido gallego), típico conjunto rural por entre cuyas casas se abre paso el Camino. A modo de puerta de salida nos despide un hórreo que se levanta en medio del Camino y bajo el cual deberemos pasar.
Siguiendo nuestra ruta tendremos ahora que salvar un pequeño arroyo, bien por su cauce (poco profundo) bien por un pequeño puentecillo de losas que se ha levantado junto a una fuente y un lavadero.
De nuevo hay que agradecer la correcta y detallada señalización de este tramo. De lo contrario sería un auténtico caos pues rara vez caminaremos 200 metros seguidos por el mismo camino, pista o sendero. La dispersión rural gallega favorece el hecho de que a cada caserío llegue una pista, y desde éste hasta cada finca, un camino.
Esta maraña de rutas finaliza, de momento, en la N-547, a la altura del municipio de Salceda.

11 '00 Salceda.-

Tras caminar 400 metros por el arcén de esta carretera, junto a la caseta de una parada de autobús, nos desviamos por la derecha para ascender por una zona mixta de castaños y pinos (bien señalizada). Apenas medio kilómetro después estamos de vuelta en el asfalto.
No por mucho tiempo. Unas flechas amarillas pintadas en el arcén nos apuntan la entrada, por el otro lado de la calzada, de un camino de tierra que se interna en un pinar. Después de atravesar las aldeas de Xen y Ras, una pista asfaltada nos devuelve a la N-547 que cruzamos por enésima ocasión.
Brea.- Su población, 24 habitantes, altitud 380 m. A Santiago 26 Km. El siguiente grupo de casas es Brea, cuya complicada travesía se solventa gracias a las indicaciones plasmadas por sus vecinos. Así, en el fondo del pueblo vemos pintado en el lateral de una casa la inscripción “Por aquí no”, por lo que tomamos la derecha hasta llegar al cercano poblado de A Rabiña.

13'00 A Rabiña.-

El trazado original del Camino de Santiago continuaba desde aquí de frente, sin perder la orientación de poniente. Sin embargo, esta ruta se halla ahora cegada por pastizales y pequeñas plantaciones de maíz y leguminosas por lo que a la salida de A Rabiña deberemos girar 90º a la izquierda y acercarnos hasta la carretera.
Poco más de un kilómetro de suave ascenso nos separa del Alto de Santa Irene, desde donde tomamos, por la derecha, una pista asfaltada que pronto se torna en camino de tierra, y por el que descendemos entre eucaliptos hasta alcanzar el antiguo trazado de la carretera Lugo-Santiago. Seguiremos esta vía muerta durante unos metros hasta que desemboca en la nueva N-547.
Unos metros antes de llegar al punto kilométrico 83, una señal de carretera del Camino de Santiago nos advierte de la presencia de una pista que se aparta por la derecha y que seguiremos durante 400 metros, atravesando un pinar.
Superado este corto tramo nos encontramos de nuevo ¡cómo no! con la carretera, que se vuelve a cruzar junto a un aserradero, ya en el poblado de Santa Irene.

17'00 Santa Irene.-

Se puede visitar una pequeña capilla del siglo XIII. El antiguo edificio del Ayuntamiento ha sido rehabilitado como albergue de peregrinos. Dispone de 36 camas, duchas con agua caliente y cocina.
El descenso se va haciendo más pronunciado hasta llegar a Rúa, desde donde volvemos a cruzar la carretera para adentrarnos por una pista, bien acondicionada, entre pinos y eucaliptos.
Estará el peregrino caminando por este bosque y cavilando los metros que le faltaban para alcanzar la ciudad compostelana, cuando se encuentra de súbito con un frío edificio que le cierra el paso tras los últimos árboles. Se trata del complejo polideportivo de Arca do Pino que, instalado en mitad del Camino, obliga al peregrino a bordearlo hasta alcanzar una pista asfaltada que transita por entre el campo de fútbol y un colegio cercano.

20'00 Arca do Pino (Pedrouzo).-

En la zona conocida como Pedrouzo (al lado de la carretera, unos metros a la izquierda de nuestro Camino) hay dos refugios de peregrinos. Uno de ellos, el construido por la Xunta, dispone de 80 camas además de duchas con agua caliente y cocina.
El otro, ubicado en la planta baja del edificio del antiguo ayuntamiento (que ahora alberga también a Correos), no dispone de camas y su capacidad es de aproximadamente 70 plazas. Tiene duchas, pero sólo con agua fría.

Plano de la etapa