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En la vieja capital asturiana se levanta la catedral de San Salvador, primitiva basílica mandada construir por Fruela. Asolada por los sarracenos, su hijo y sucesor Alfonso II “El Casto” la restaura, siguiendo en épocas posteriores, románico y gótico, las obras; el obispo Gutierre de Toledo demolió la antigua fábrica dándole su actual configuración.
La Cámara Santa acoge las paradigmáticas cruces votivas de Los Ángeles y de Alfonso III además de múltiples relicarios.
Pero sin duda, el mayor tesoro es “El Arca de las Reliquias”, trasladada hasta aquí en el siglo VII. Se abrió el arca en presencia de Alfonso VI, siendo testigos “El Cid” y el obispo D. Ponce.
El monarca ordenó la construcción del actual relicario, forrado de metales preciosos y pedrería.
Por último, el museo gótico completa la visita catedralicia.
Otros monumentos significativos son los monasterios de Santullano, San Francisco, o Santo Domingo.
Al oeste de la ciudad se levantan, en la subida al Naranco, los de Santa María de Naranco y San Miguel de Lillo, insignes construcciones de estilo asturiano prerrománico, o ramirense.
Santa María de Naranco fue inicialmente palacio de Ramiro I, que la cedió a la mitra ovetense, convirtiéndose en iglesia a finales del siglo IX.
San Miguel fue desde su inicio iglesia, aneja a su anterior palacio de Santa María.
Se salía de la urbe por la puerta de Socastiello, o de Santiago, abriendo la muralla en el cruce de las calles San Juan y Jovellanos, continuando hacia el barrio de Argañosa y pasa por delante del monasterio de Santa Clara, para seguir por las calles Covadonga, Melquiades Alvarez e Independencia, al acueducto de los Pilares, atravesando el río Nora por el Puente de Los Gallegos e iniciar una ligera subida por buen camino y pista asfaltada, hasta San Lorenzo de Panizares y seguir por Las Campas donde se comienza una subida que tras rebasar la Capilla del Carmen nos sitúa en Lampajua y tres Km., más adelante de continuas subidas y bajadas, se arriba a Loraina; La Bolguina y Fabarin donde nos reencontramos con la carretera, y tras cruzar el río Ñara entramos en el concello de Las Regueras, continuando por carretera hacia las localidades de Gallegos y Los Arroyos, donde una prolongada cuesta nos sitúa en el lugar de Escamplero, que contó en la antigüedad con hospital de peregrinos, en el alto que hoy ocupa un restaurante.
Se sigue por las localidades de Valsera y Premoño en continuo subibaja, para finalmente llegar al valle del Nalón cuya embozada ribera seguiremos hasta la proximidad de Puarma y rebasado el pueblo se cruza el río, tomando la carretera en dirección a los arrabales de Peñaflor en cuyo paraje Alfonso VII mandó construir un hospital en 1144.
Tres kilómetros de rica vega, después de salvar el río Martín, nos conducen a Grado, en la orilla del Cubia que salva el río por el puente de San Pelayo, y rodeada de los montes Llavayos y Castañales y la montaña de Aquileiro, ocupando un precioso valle.
La parroquial de San Pedro de antigua fábrica y sobre todo Nuestra Señora de los Dolores, patronato del Conde de Miranda, que posee un palacio de dos pisos, cuadrado, con tres torres en sus esquinas, son los monumentos más importantes.
A la salida de la población, unos tres kilómetros de fuerte pendiente y peligrosa carretera nos llevan a San Juan de Villapañada que detrás de la cabecera de su parroquial ha recuperado una vieja casa destinada a albergue de peregrinos.
Se trata de una modesta pero cómoda estancia, con capacidad para doce peregrinos. Dos duchas, amplio salón y ajuar nuevo completan la instalación.
Leopoldo que vive en la casita de enfrente, atiende el albergue y os recibirá amablemente.
Unos cuatrocientos metros antes de llegar a San Juan de Villapañada, una flecha indica el camino a seguir, por una trocha empinada, llena de maleza y excrementos de vaca, que arriba al pueblo dando un buen rodeo, por lo que no vale la pena seguirla, siendo preferible continuar carretera arriba hasta el desvío de la carretera principal, a dicha localidad.
Quien haya de pernoctar en este albergue deberá proveerse de lo necesario para comer, cenar y desayunar, si no quiere volver a Grado o subir hasta el Alto de El Fresno, ya que la localidad no tiene bar ni tiendas

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