Castrillo de los Polvazares.- Altitud 907 m.

Su población 86 habitantes

A Santiago 250 Km.

Castrillo de los Polvazares es un pequeño pueblecito de la comarca de la Maragatería. Está en la provincia de León, a sólo seis kilómetros de Astorga, capital de dicha comarca, punto importante del Camino de Santiago. Visitarlo es volver al siglo XVII o XVIII, ya que conserva la mayoría de sus viviendas, muy bien rehabilitadas. Este lugar ha sido declarado como Conjunto Histórico Artístico de alto valor monumental.
Castrillo tiene pocos habitantes, pero sin embargo es el pueblo con mayor afluencia de turistas de la comarca. Estar tan cerca de Astorga, ciudad sobradamente conocida en todo el mundo, ayuda a que hagan un desvío hacia este lugar, aunque lo que más influye en ser tan visitado durante todo el año es encontrarse en el Camino de Santiago. Los miles de peregrinos que viajan cada día a pie o de otras maneras hacia la capital gallega no pueden obviarlo ya que se encuentra en plena ruta. Es un descanso obligado. Es uno de los mejores de conservación de la arquitectura maragata. Las casas y sus calles son de piedra. Las primeras reflejan el estilo arriero de sus antepasados, que se remontan a finales del siglo XVI, aunque fue en el XVIII cuando alcanzó su mayor esplendor.
Hay una hermosa iglesia donde se encuentra la patrona y el 15 de agosto se celebra la fiesta de ésta, sacándola en procesión por las calles, dándose la circunstancia de que es portada, contrariamente a lo que suele ser habitual en estos casos, por cuatro mujeres, ataviadas con el traje típico de maragata. Gente del pueblo y foráneos acompañan a la imagen entre cánticos y rezos.
El cocido maragato, eEs uno de los platos más ricos que se puedan tomar y la comida típica de estas tierras. En Castrillo se puede degustar en los numerosos restaurantes existentes. Consta de sopa, berza, garbanzos y siete carnes. Lo más curioso es que se empieza degustando al revés: primero las carnes, después los garbanzos, más tarde la berza y finalmente la sopa, que sirve para ayudar a digerir lo comido. El postre típico son las natillas, aunque en esto no hay una regla fija, por lo que cada uno puede tomar lo que le apetezca.
El complejo y particular sistema de empedrado de las calles colabora con sus miles de matices a conferir un aire mágico a este pueblo calificado por muchos como el más bello de España.