Ruesta.- Altitud 453 m.

Su población 3 habitantes

A Santiago 770 Km.

Hay en la actualidad, un refugio particular de 78 plazas, restaurado por jóvenes de la C.G.T. Desde la ermita se asciende suavemente hasta divisar la imponente estructura de su castillo cuya edificación se debió iniciar en el siglo XI, sobre los restos de lo que fue una fortificación musulmana, abandonada tras su conquista por Sancho I Garcés de Pamplona.
Más tarde fue remodelado en los siglos XII y XIII. Seguramente contó con otros torreones que cerrarían los laterales. Actualmente se conservan dos torreones y un paño de muralla.
Recorriendo el barranco que franquea el perímetro del pueblo, se accede a la entrada de lo que fue Villa de Ruesta y en este punto confluyen los caminos de Artieda, Tiermas y Sos del Rey Católico.
Ruesta, de importancia estratégica fundamental, tanto por su valor defensivo como punto de paso de la Ruta Jacobea, sufrió diversas vicisitudes a lo largo de la convulsiva Edad Media, siendo primera línea defensiva del Reino de Aragón contra las invasiones y correrías del vecino reino navarro.
En los siglos XII y XIII tuvo un relevante papel conjugando las facetas militar y mercantil. Disponía de un albergue con horno, encomendado a los judíos, siendo esta comunidad la responsable de la “tenencia” del castillo, lo que suponía su defensa y manutención. Los hebreos contaban con una importante presencia en el conjunto de los habitantes de la villa.
El acceso a la Villa se realiza por el paso formado por el caserón de los Marqueses de la Cadena y la iglesia de Santa María, del siglo XVI, (hoy totalmente en ruinas ambas) con probabilidad edificada sobre los restos de una antigua ermita.
Recorriendo el poblado por la calle Mayor, nos franquean a derecha e izquierda las fachadas de señoriales caserones edificados en su totalidad en los siglos XV al XIX, ascendiendo posteriormente hacia la actual entrada del castillo, desde cuyas ruinas contemplamos un espléndido paisaje del Valle del río Aragón, así como del río Regal, hasta su desembocadura en el Embalse de Yesa.
La vista se detiene en el Pueyo de Tiermas con su caserío, hoy también despoblado. Es fácil comprender entonces el papel estratégico de estas dos poblaciones que servían como verdadero cerrojo de la Canal de Berdún.
La construcción del Embalse de Yesa, supuso el abandono de la Villa, junto con la de Escó y Tiermas. El Pantano firmó la sentencia de muerte para las tres poblaciones en el año 1963. La mayoría de su población se encaminaron a Zaragoza, Pamplona y Barcelona, aunque algunos pocos se establecieron en los pueblos de colonización de las Cinco Villas, comarca que se vio beneficiada por el Canal de las Bardenas, cuya agua riega sus tierras. También supuso la desaparición de uno de los ramales históricos del Camino de Santiago por la margen derecha del río Aragón, así como el camino que unía Ruesta con Tiermas. También las aguas ocultan los restos de túmulos funerarios del siglo V antes de Cristo, que en épocas de estiaje afloran como testigos mudos del pasado.
Existe un proyecto de recrecimiento de la actual presa que supondría la elevación del nivel actual en 34 metros, a la cota 524’20 sobre el nivel del mar, lo que supondría la anegación del pueblo de Sigües y la construcción de varias decenas de kilómetros de nueva carretera por la falda de la Sierra de Leire. Será, si esto sucede, como en el caso de Ruesta, que tuvo que morir, en aras de las aguas vivificadoras, holocausto de un pueblo para que otros pueblos puedan asegurar mejor su futuro. Las aguas redentoras del Pantano de Yesa, en la alta Zaragoza, exigieron éste y otros muchos sacrificios. Ahora, a Ruesta, no le queda siquiera el consuelo de contemplar el ejemplo de Tiermas, allí enfrente, como emergiendo del embalse coronando el monte, otro pueblo fortaleza sacrificado al beneficio común. Es lo que se dice siempre.
Triste destino de los pueblos que se quedan solos, muertos para siempre; aunque uno piensa que Ruesta podría resucitar al amor del paisaje. ¿Por qué no aprovechar las posibilidades turísticas que brinda?.
No tengáis prisa al pasar por Ruesta; pasar despacio, contemplad su ruina y pensar en aquellas gentes que con tanto amor y sacrificio levantaron ésta Villa y tuvieron que abandonarla con lágrimas en sus ojos.