Santa Cruz de la Serós

El camino a San Juan de la Peña nos conduce en primer lugar a Santa Cruz de la Serós. La arquitectura popular pirenaica tiene en este pueblo uno de los mejores exponentes.
Se distingue por el uso preferente de la piedra escuadrada y la mampostería para levantar los muros y las losas de piedra imbricadas para realizar las cubiertas. El aspecto externo de la vivienda es cerrado, con pocos huecos de pequeño tamaño para evitar que entre el frío en el interior de la casa. Las puertas están enmarcadas por dinteles rectos en piedra o madera. Aunque las casas se presentan agrupadas, con frecuencia no llegan a unirse, sino que queda entre ellas un callejón que recibe el nombre de "callizo" y donde caen las aguas de los tejados.
Las cubiertas vierten a dos aguas, con una fuerte pendiente. Algunos de los tejados presentan "lucanas", pequeños huecos que proporcionan luz al interior de la "falsa" o desván. Los tejados suelen estar rematados con majestuosas chimeneas cónicas o cilíndricas con unas curiosas figuras de "tosca" con formas de caras, cruces y piedras piramidales o cónicas que servían para proteger el interior de la entrada de las brujas, de ahí su nombre, el de "espantabrujas".
Por lo que se conoce fundamentalmente al pueblo de Santa Cruz de la Serós es por sus dos iglesias románicas: Santa María y San Caprasio.
Santa María
En el centro del pueblo surge la mole impresionante de Santa María. Construida a mediados del siglo XI, fue monasterio de monjas benedictinas hasta que éstas se trasladaran a Jaca en el siglo XVI. En el ejerció de abadesa la hija del Rey Ramiro I, Doña Sancha, época durante la cual alcanzó su máximo prestigio como convento para las mujeres de la nobleza aragonesa. Se trata de un templo de una sola nave con planta de cruz latina y ábside semicircular. En los brazos del crucero, y a manera de absidiolos planos por fuera, hay dos capillas semicirculares. Una cámara con cúpula sobre bóveda de crucero y una bellísima torre de cuatro cuerpos sobre el brazo meridional este.
En el exterior, aparte de sus múltiples canecillos, destaca la portada con su tímpano claramente influenciado por el de la catedral de Jaca. En la parte central se encuentra el crismón al cual flanquean dos leones en relieve. En una de las capillas laterales se encuentra un bello retablo, obra gótica de finales del siglo XV, recientemente restaurado. Está dividido en tres calles más ático, con ocho tablas y un banco con cinco compartimentos y relata escenas de la vida de la Virgen.
San Caprasio
Esta ermita fue construida en el primer cuarto del siglo XI y restaurada con indudable acierto en los años sesenta. Es un bellísimo y pequeño ejemplar de románico Lombardo que funcionó como iglesia parroquial hasta que las monjas benedictinas abandonaran el pueblo en 1555. La iglesia está constituida por una sola nave, con un grueso muro decorado en el exterior con las características y bellas bandas lombardas unidas por arquillos ciegos.
El ábside tiene tres estrechos vanos de iluminación, vanos que también aparecen en el muro sur.
En la semioscuridad de su interior se puede apreciar que la nave se divide en dos tramos desiguales mediante un arco fajón, y se cierran con bóvedas de arista. Después de estos dos tramos cuadrangulares, se puede observar un corto presbiterio trapezoidal cubierto con bóveda de cañón y finalmente, el ábside semicircular con bóveda de cuarto de esfera. Una torre campanario, con sus ventanales ajimezados, obra del siglo XII, completa el conjunto.
San Caprasio fue martirizado junto a Santa Fe en la ciudad francesa de Agen a principios del siglo IV. Su culto se introdujo en Aragón en la segunda mitad del siglo XI.