Villanúa.- Altitud 953 m.

Su población 265 habitantes

A Santiago 842 Km.

Podíamos hablar de Villanúa como una localidad prehistórica. De hecho, sus cuevas sirvieron para albergar a los hombres del neolítico y eneolítico (3000 a.C.), que emplearon estas cuevas como sepultura de carácter colectivo.
Gracias a las investigaciones de historiadores y arqueólogos, hoy sabemos que el uso sepulcral se extendió hasta la Edad de Bronce (1.800-1.000 a.C.) y que también en épocas del tardorromano estas cavidades tuvieron su función.
Sin embargo, excavaciones más recientes refuerzan la idea de que en la Edad de Bronce las cuevas fueron también un hábitat humano. Los restos encontrados, cerámicas de almacenaje y de uso diario y, sobre todo, el excepcional fragmento de molino de cereal, hacen pensar en que las cuevas fueron empleadas para pasar largas temporadas de vida.
La primera noticia histórica sobre Villanúa está recogida en el Cartulario de Santa Cruz de la Serós, el 26 de marzo de 992. Ya existe el actual núcleo y se da noticia de la repoblación con habitantes bearneses que registró la localidad, en el siglo IX. Actualmente, todavía quedan apellidos de origen francés entre los vecinos.
La denominación de Villanúa no quedó fijada hasta el siglo XIII. Previamente, la localidad se llamó Vilanúa, Villanuga, Villa Nuga, Villanova, Villa Nova, Billanúa, Villa Nueva o Villanoa. Denominaciones todas ellas que hacían referencia a la situación de la Villa Nueva enfrente del Señorío de Aruej. O lo que es lo mismo, los hombres libres, con tierras y derechos reconocidos por la Corona, frente al Señor de Aruej. Entre lo habitantes de Villanúa, el Rey de Aragón nombró once infanzones.
Pero Villanúa no sólo tuvo sus propias tierras, sino que además de este municipio dependieron numerosas aldeas y pardinas que surgieron en sus inmediaciones. San Juan, Pierde o Santiago son algunos de los núcleos que hasta el siglo XIV dependieron de Villanúa y que se despoblaron con la crisis del siglo pasado.
A principios del siglo XX, Villanúa alcanzó su máxima población, superando el millar de habitantes. Dos hechos explican este incremento poblacional. Por un lado, hay que destacar que los primeros años de 1900 coincidió con el máximo desarrollo de la actividad agropecuaria y, por otro y más importante, con las obras del ferrocarril del Canfranc.
Es de interés la iglesia Parroquial, de San Esteban, de tres naves, que posee en su cabecera una valiosa talla de madera policromada de Nuestra Señora de los Ángeles, con el Niño, de los siglos XI ó XII, y una imagen de Santiago, gótica en madera bellamente policromada del siglo XIII.
La población está dividida en dos barrios, separados por el río, perfectamente diferenciados tanto en materiales como en uso y concepción.
El casco viejo, núcleo histórico del pueblo, situado en la margen izquierda del río, conserva todavía algunas hermosas viviendas de piedra con tejados de losa y pórticos en arco que sostienen escudos familiares. Este núcleo está condicionado por la calle de la iglesia, que conecta dos plazas y recibe callejas transversales. Está declarado Conjunto Histórico Artístico.
El otro barrio de Villanúa, el llamado El Arrabal, agrupa construcciones modernas, chales, apartamentos y adosados amontonados a lo largo de la carretera, constituyendo un ejemplo de crecimiento desordenado y disarmónico con el entorno. Es aquí donde se centran la mayor parte de los servicios destinados al turismo.